Los nuevos milenaristas: de las comunidades survivalistas a las redes de ecoaldeas (I de II)
April 14th, 2008Primera parte: un viaje por el survivalismo
Tras la paranoia de los años 50 y 60, en el que la amenaza nuclear y diferentes y variopintos apocalipsis rondaban por muchas cabezas, pensadores e intelectuales de diferentes sectores conservadores tanto como del libertarianismo anglosajones, empezaron a publicar panfletitos y pequeños fanzines recomendando la construcción de refugios y el almacenamiento tanto de comida como de metales preciosos como el oro o la plata, para poder sobrevivir en caso de invierno nuclear, por si sobrevenía un desastre natural o en caso de un crack económico mundial.
Uno de estos autores era Howard Ruff, perteneciente a la Iglesia de Jesucristo y los Santos de los Últimos días, que con sus libros Famine and Survival in America publicado al inicio de la crisis del petróleo del 73, y How to Prosper During the Coming Bad Years que fue best seller en 1979 y le proporcionó el apodo del “profeta del apocalipsis”, empezó con las recomendaciones de almacenar grandes cantidades de oro y plata, así como también de comida para al menos un año.
Años más tarde, Ruff renegó de su primer libro, del que aseguró haber comprado todas las copias existentes para destruirlas, y en 1980 su popularidad cayó junto con el pinchazo de la burbuja especulativa de los metales preciosos.
Tras la publicación del primer libro de Ruff, surgieron miles de pequeñas publicaciones, una de ellas fué la gaceta El Superviviente, editada por Donald Eugene Sisco, más conocido como Kurt Saxon.
Parece ser que a finales de los 60, Sisco militó en diferentes partidos y religiones tan dispares como el Partido Nazi Norteamericano, la Iglesia de la Cienciología o la John Birch Society, una organización politica de extrema derecha que reclama recuperar los ideales de derechos individuales y de propiedad privada que aparecen en la Constitución de los Estados Unidos, y que lucha contra amenazas como la infiltración comunista.
Sisco compareció en 1970 ante una comisión del senado norteamericano por un asunto de terrorismo, en el cual el propio Sisco alentaba a la policía y a los “ciudadanos decentes” a usar bombas para acabar con los “izquierdosos”, así como por sugerir que las manifestaciones de estudiantes fueran dispersadas con ametralladoras.
Donald Sisco, en su gaceta El Superviviente usó por primera vez el termino “survivalismo” para definir el movimiento que recelaba de la capacidad de los estados y países para defender y protejer a sus ciudadanos de amenazas tanto climáticas como militares, y que fomentaba que estos ciudadanos debían tomar cartas en el asunto, construyendo ellos mismos sus refugios.
Ya en los 80, el interés por el survivalismo aumentó tras la publicación de Life After Doomsday por Bruce D. Clayton, coincidiendo con una nueva carrera armamentística entre los Estados Unidos y la URSS, cambiando las razones apocalípticas de la crisis económica mundial, hambrunas y restricciones energéticas de la década anterior hacia los temores del holocausto nuclear.
Hasta ese momento, todas las opciones no pasaban demasiado de refugios en la parte de atrás de las casas, como el que construye Ned Flanders en la serie Los Simpson. Sin embargo, en 1982 vió la luz Live Off The Land In The City And Country, escrito por Ragnar Benson, una especie de ecoterrorista que publicó varios manuales para construir, por ejemplo, lanzallamas, lanzagranadas y explosivo C-4 de forma casera.
En ese libro, Benson cambió el escenario donde situar los refugios, proponiendo dejar la urbe por lo rural, pasando así de individuos que construían sus propios refugios a la comunidad que “huye” de la ciudad al campo para auto-protejerse, lo que incluía de hecho un cambio bastante radical en los estilos de vida de los “survivalistas” que eligieran el cambio.
Ya al final de la década de los 90, el temido efecto 2000, por el cual todos los ordenadores del mundo dejarían de funcionar, llevando consigo a toda la humanidad de vuelta a una pseudo edad de piedra, el interés por el movimiento survivalista volvió a crecer, con la publicación de libros como The Hippy Survival Guide to Y2k o The $50 and Up Underground House Book, ambos escritos por Mike Oehler, un fan de la vida bajo tierra, literalmente.
En el segundo de sus libros, Oehler daba una completa e innovadora guía sobre tecnicas de construcción de bajo coste para casas bajo tierra. No se trataba de hacer zulos, si no hogares aislados, secos, bien ventilados, con luz natural y completamente integrados en el paisaje.
Hasta el día de hoy, se han vendido más de 90.000 copias y quizá Mike Oehler haya sido el pionero de los “nuevos” sistemas de construcción respetuosos con el paisaje, cuando proporcionaba nuevos métodos de construcción para aquellos survivalistas que aceptaran el cambio radical de salir de la ciudad para ir a vivir al campo, transformándose en los primeros “neo-rurales”, aunque no fuera por hastío y cansancio de la vida estresante de las grandes metrópolis, si no como protección ante desastres naturales o un colapso completo de la civilización.
En la época actual, el survivalismo volvió a saltar tras los atentados en Nueva York, Madrid, Londres o Bali, tomando la amenaza terrorista y la guerra contra la misma como bazas por las cuales habría que “desaparecer” del mapa.
También tuvieron impacto el huracán Katrina, el gran tsunami que asoló las costas asiáticas o la amenaza de la gripe aviar.
Todos estos factores, a los que posiblemente deberá sumarse en breve la “crisis económica mundial” que algunos avecinan, han llevado al survivalismo actual a tener casi la misma fuerza que tuvo en sus inicios, en la década de los 70.
Con todo esto, el movimiento survivalista actual no es ni mucho menos tan radical como alguno de sus padres, que animaban a ametrallar entonces a los que ahora serían parte importante de sus seguidores.
Ligeramente organizados, y ya en sus inicios ligados a Usenet y las Newsgroups para adaptarse luego a los cambios en Internet, los survivalistas actuales forman un pequeño gran grupo de “segregacionistas”, no tanto en la búsqueda de agruparse en una nueva nación o buscando un lugar determinado donde vivir tranquilos, si no más bien dedicandose a buscar pares afines que puedan aportar beneficios mútuos en caso de necesidad. Estableciendo de este modo una especie de tribu diseminada en la cual cada uno de los individuos tiene su función específica, y que si cada uno de ellos no estuviera respaldado por los demás, sus posibilidades de supervivencia no serían demasiadas.
Confiando más en el intercambio y en los trueques, los survivalistas tienden más a pequeñas tribus sedentarias que no al segregacionismo, ya sea territorial o desterritorializado, tal y como lo entendemos, derivando luego a lo que en algunos lugares se entiende como “ecoaldeas”, aunque puedan ser, en algunos casos, cosas completamente distintas.


